La Cartuja de Valldecrist

Un tesoro cartujo entre la naturaleza castellonense

La Cartuja de Valldecrist

Un tesoro cartujo entre la naturaleza castellonense

Fundada en 1084 por San Bruno, la Orden de la Cartuja nació como una forma de vida monástica única que fusionaba dos tradiciones: la soledad del eremita y la organización comunitaria de los monasterios cenobíticos. Desde sus inicios, los cartujos buscaron el silencio, la contemplación y la sencillez, estableciendo sus monasterios en parajes apartados, rodeados de naturaleza y autosuficiencia.

Su vida se centraba en la oración, el estudio y los trabajos manuales. El cartujo vivía en una celda individual con huerto propio, en un ambiente de recogimiento y austeridad que ha permanecido inalterado durante siglos.

La fundación de la Cartuja de Vall de Crist: impulso real en tierras de Altura

La historia de la Cartuja de Vall de Crist comienza a finales del siglo XIV, impulsada por el infante D. Martín, hijo del rey Pedro IV de Aragón. El papa Clemente VII autorizó su fundación en 1383, y dos años más tarde, en 1385, los primeros monjes tomaron posesión del terreno situado en el término de Altura, en pleno corazón del Alto Palancia.

Ese mismo año se inició la construcción del claustro primitivo y poco después se colocó la primera piedra de la iglesia de San Martín, germen de uno de los conjuntos monásticos más influyentes de la Corona de Aragón.

Un monasterio en expansión: poder, patrimonio y espiritualidad

La elevación de D. Martín al trono como Martín I de Aragón en 1399 supuso un impulso decisivo para Vall de Crist. Bajo su patrocinio se levantó un nuevo claustro y, en 1405, la iglesia mayor. Además, el monarca donó al monasterio las villas de Altura y Alcublas, aumentando considerablemente su influencia y recursos.

Durante los siglos XV al XVIII, Vall de Crist fue acumulando propiedades, privilegios papales y reales, donaciones y herencias, lo que la convirtió en un referente no solo espiritual, sino también económico, político y cultural.

El punto culminante llegó en 1785, cuando se convirtió en la sede oficial de la Congregación Nacional de Cartujos Españoles.

Decadencia y desaparición: la herida del siglo XIX

El siglo XIX trajo consigo la ruina de muchas instituciones religiosas, y Vall de Crist no fue una excepción. Las guerras napoleónicas, la suspensión de las órdenes religiosas y la desamortización marcaron su declive. En 1835, los monjes fueron definitivamente expulsados por orden real, y en 1844 sus bienes fueron subastados y divididos en manos privadas.

La cartuja quedó en estado de abandono, perdiendo gran parte de su estructura original y cayendo en el olvido durante décadas.

Renacer entre ruinas: la recuperación de un legado

A partir del sexto centenario de su fundación, el interés por la Cartuja de Vall de Crist resurgió con fuerza. Gracias al trabajo conjunto de instituciones, asociaciones y administraciones públicas, se han iniciado varias fases de restauración que permiten hoy vislumbrar la grandeza del conjunto original.

Uno de los hitos más recientes ha sido la apertura del Centro de Interpretación de la Cartuja de Valldecrist, así como el reconocimiento oficial de su Colección Museográfica, lo que permite al visitante sumergirse en la vida cartujana y en la historia de uno de los enclaves más destacados del patrimonio espiritual de Castellón.

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