A apenas cuatro kilómetros del centro de Castellón, junto a la ermita de Sant Francesc de la Font, emerge un oasis de historia y naturaleza que conserva el encanto del pasado y el vigor del presente. Se trata del Molí de la Font, un paraje que cautiva por su manantial, sus molinos centenarios y un entorno de una biodiversidad sorprendente.

La existencia del Molí la Font se remonta al siglo XIV. En su época dorada, contaba con mecanismos para moler harina y preparar tejidos, reflejo de una actividad agrícola e industrial tradicional. El manantial, con un caudal de entre 0,6 y 0,9 m³/s, alimenta balsas y acequias, algunas con peces de agua dulce y salada —como carpa, barbo mediterráneo, lubina y lisa— que hoy suponen un atractivo añadido.
Biodiversidad protegida

Este enclave está catalogado como reserva de fauna, destacando su colonia de murciélagos con más de 1.500 ejemplares de especies, muchas de ella en peligro. En la superficie, la vegetación ribereña —carrizos, adelfas, eneas— convive con naranjos, olivos y algarrobos, hábitat de aves como martín pescador y garza real.
Preservación y proyectos de futuro
El Ayuntamiento de Castellón promueve desde hace años su conservación y difusión:
- Plantación de especies autóctonas y erradicación de eucaliptos invasores.
- Instalación de mobiliario, paneles interpretativos y vallas protectoras alrededor del manantial.
- Divulgación ambiental: visitas guiadas los segundos sábados de mes, talleres, voluntariados, análisis de río, anillamientos, etc. Con especial mención a las “Nits de Rates Penades” para estudiar murciélagos con ultrasonidos.
Se trabaja también en un proyecto de regeneración hidráulica: ampliar el entorno protegible del paraje hasta casi 60 000 m², consolidándolo como eje de las Rutas del Agua de la Marjaleria.
Un uso responsable y necesario

A pesar de su encanto, el baño está estrictamente prohibido y para preservar su fragilidad ecológica, y la Policía Local interviene en caso de incumplimiento . No obstante, su uso social está recomendado, siempre con respeto, como espacio de educación, recreo y conexión con el entorno.
El Molí de la Font no es solo una reliquia histórica; es un laboratorio vivo de naturaleza urbana, un aula al aire libre, un refugio para especies y un espacio para reflexionar sobre cómo integrar la tradición en la vida moderna de Castellón. Con cada visita guiada, voluntariado o jornada de observación, se fortalece el vínculo ciudadano con este paraje singular. De este se asegura su cuidado y admiración para las generaciones venideras.

Para participar en actividades o recibir información sobre concertar visitas, el Ayuntamiento de Castellón y la Fundación Limne ofrecen canales de contacto directos. Un destino sostenible que camina de la mano de la ciudadanía.




